martes, 31 de mayo de 2016

Prólogo de mi próxima novela "El amargo don del olvido"


Muchos me preguntáis si estoy escribiendo ya otra novela. Comencé a escribirla durante mi embarazo y los últimos meses de éste, la dejé descansar. Ahora que vuelvo a retomarla, me gustaría saber vuestra opinión sobre él.  No, no os voy a adelantar mucho; únicamente el prólogo para que os hagáis una idea y me contéis que os parece.


PRÓLOGO

BSO Indila _Dernière Dance


Somos como un bombón Aftereight  explotando de forma densa e insuperable dentro de la boca despertando el paladar,  sólo que entonces desconocíamos que el carácter amargo e impactante como el chocolate de uno, podía combinar tan deliciosamente con el del otro, de menta  picante y refrescante. No,

entonces no sabíamos que podíamos intercambiar entre nosotros algo más que las frases despectivas y los desaires en los que nos veíamos envueltos, debido a la forzosa vecindad que nos mantenía unidos cada verano.  Nos encontrábamos, sin que yo pudiera evitarlo, pese a que intenciones no me faltaban, en similares fechas y en el mismo pueblo costero, en los que mi diminuta familia y la suya más amplia y escandalosa eclosionaban sin remedio en la misma urbanización de apartamentos. 

      Por supuesto mi madre con su frío y pétreo desdén únicamente intercambiaba rigurosos y escuetos saludos que no podía disfrazar de corteses ni aunque lo pretendiera. De esa manera quedó instaurada de forma consistente la guerra fría entre las familias. Mi madre, sin fingida altivez controlando desde la elevación de su ático de lujo, que no se viera salpicada por las  ideas bolcheviques de esos vecinos ocupando un escalafón más bajo en el edificio, como si se llevara a cabo una verdadera clasificación en el bloque de estamentos sociales. 


     Y a mí… a mí me importaba todo una mierda. No podía interesarme menos cualquier cosa, y entablar conversación o relación con otro ser humano era el último de mis intereses. Mi naturaleza adusta y áspera nació honda y arraigada tras descubrir con diez años, durante un mitin político y de la mismísima boca de mi madre, mis inciertos orígenes.


          << Considero que estamos tan ciegos amparando el derecho de la mujer a decidir, que no nos damos cuenta de que estamos defendiendo una atrocidad. Las leyes a favor del aborto no tienen nada que ver con la lucha para conseguir mayor libertad e igualdad para las mujeres, estamos confundiendo esos conceptos. Cuando interrumpimos un embarazo, estamos deteniendo una vida que ya ha comenzado. No importa que esa vida tenga unos días o años, tiene tantos derechos como nosotras aunque les falte la voz para exigirlos. Y lo justo y legítimo es que desde su concepción cada vida cuente, como contó para mí la de mi hija pese a ser  fruto de una violación. Nunca ni por un segundo durante su gestación me planteé terminar mi embarazo, porque era muy consciente de que llevaba en mi vientre una nueva existencia sin culpa alguna de los errores cometidos por el hombre que la engendró. Miradla, ella está aquí porque yo di valor a su vida desde el principio y la amé desde que supe de su existencia. Mi derecho a decidir no me faculta para detener su crecimiento ni ahora ni cuando se desarrollaba en mi vientre >>


     



         Sus palabras tuvieron el resultado que buscaba, allí y en todas las noticias. Sólo se olvidó calcular el efecto que tendrían en la aturdida y perdida mente de una niña que había renunciado a conocer la existencia de su progenitor hacía mucho tiempo. No como si pudiera considerar padre al hombre que forzó a mi madre sólo por llevar parte de su ADN, pero hubiera preferido con creces continuar en la ignorancia, yo y el resto del mundo, porque aquello colocó sobre mí un estigma que yo misma me preocupé en enraizar y regar con mi actitud descabelladamente apática y hostil. Mi padre era un violador y yo el resultado de su delito. 
¿Quería saber quién era? ¿Estaba en la cárcel? ¿Sabía de mi existencia? Esas eran preguntas con las que no quería convivir, no sólo no quería saber las respuestas, lo que no quería era que surgiera la necesidad de evocarlas. 

       De esa forma me volví una maestra en ocultar mis pensamientos y sentimientos, no sólo a los demás sino también a mí misma. <<Quién no siente no padece. Sí, lo siento. Pelea con eso. >> podría responder a mi madre una y otra vez, ante sus desesperados intentos de comprenderme, pero lo cierto es que nunca me molesté en explicarle, el negativo impacto  que su confesión pública, tuvo en mí. De todas formas, lo más probable es que ella lo supiera, y su intención nunca hubiera sido utilizarme para hacer demagogia contra políticas a favor del aborto, sólo se dejó llevar por el calor y el entusiasmo del momento. Lo entendí cuando sus parpados cayeron con dolor sobre sus ojos conteniendo un torrente de arrepentimiento cuando se volvió a mirarme. 


           <<Mal calculado Celia Baró. Defendías a los más débiles de las decisiones de sus adultos, empujando a  tu propia hija a través de un maldito laberinto en espiral en el que se perdería, hasta que el mismo chico que rechazaba le enseñara la salida.>>