martes, 30 de agosto de 2016

AHORA O NUNCA

No es ningún secreto que me encanta hacer listas de todo y no solo de la compra. Supongo que en mi cabeza fluyen tantas ideas y desconciertos que necesito hacerlas para poner un poco de orden.

          A veces, me imagino mi cerebro como un archivador revuelto con los cajones abiertos y hojas desperdigadas y flotando por todas partes sin ton ni son; algunas perdidas para nunca más aparecer y otras tan frágiles como efímeras.

     Y sí, lo confieso: soy la única mujer que no puede hacer varias cosas a la vez. Huelga decir que a veces no tengo más remedio, pero me aturulla. Necesito acabar de hacer una, antes de empezar con la otra y a veces, yo misma me pierdo en la gravedad de mi desorganización antes de darme cuenta de que no tengo ni pajolera idea de lo que me han estado hablando en el último cuarto de hora, jajajaja.

    Y he ahí una explicación plausible de por qué adoro las listas, el journey bullet (mi último hallazgo), etc. Necesito organizar mi cabeza.
   
      Pero esta publicación no trata de listas de tareas, planes o citas médicas. Trata de listas de deseos, y en cuanto a ellos, los más importantes son aquellos que nos proponemos cuando nos damos cuenta de nuestra corta existencia y de todo lo que nos queda por hacer antes de decir adiós. Actividades que no tienen por qué ser sueños irrealizables, sino algo tan sencillo como plantar un jardín en la terraza o cantar una canción en un karaoke.

Nos pasamos 23 años de nuestra vida trabajando, bien merece la pena pararse a pensar en que nos gustaría, en realidad, gastar el resto del tiempo. Aquí van algunas ideas. Espero las vuestras, no para mí sino para la protagonista de mi siguiente novela.